Sobre mi abuela, el día después que nos dejó.

Ayer se fue Blanca Rosa Franchini. La Chola. Aparece en los resultados de Google y todo, aunque creo que nunca lo usó. Estuvo 10 años de novia por carta mientras ejercía la profesión que amaba en Viale, Entre Ríos lugar remoto en ese entonces en el que terminó por estar afiliada al partido radical y cuando se casó con mi abuelo se mudó a vivir con el y dos amigos, siempre la pensé bastante revolucionaria. Fue a trabajar en bici, como yo. Me enseñó a leer antes del primer grado porque la enloquecía con que me leyera otro-cuento-más, me hizo descubrir una de mis grandes pasiones. También me enseñó hacer dos tipos de Ds mayúsculas en letra cursiva, tenía una letra preciosa que nunca heredé, aunque insistió. Tenía una garra indescriptible, que espero haber heredado, al menos un cuarto. Podría escribir un millón de cosas de ella. Dura pero dulce, impune pero culposa, simpati-re-quísima pero honesta al hueso, hizo de bailar entre estas dicotomías una delicia para los que tuvimos la suerte de conocerla, y más aún de ser familia. No existen palabras para describir lo que se la va a extrañar, ni como parece el mundo hoy un lugar mucho más opaco sin ella.

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